
con su brújula santa
la niña del Magreb
empuja
la luna hacia las capitales
dulcedumbre estrujada de amapolas
va por la ciega alcantarilla
traspasa los cerrojos descosidos
del mar
sigue hacia el norte simulador
lleva un gris alicate
de sueños
como telegramas sin vísceras
ella abriga sus pies
con la arcilla del viento
en esos caminos laicos
un suspiro de amor
la sostiene inadvertida
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